Soy de esas personas que siempre tiene hambre. Pero como y como, y nunca me siento satisfecha. Como si no me llenara. Como si siempre estuviera vacía y ansiosa.
Hace poco entendí por qué: la que siento es un hambre diferente. Siento hambre por comerme la vida, el mundo, los momentos dulces y los amargos también, los malos ratos que tienen sabores ácidos y los días de lluvia que saben a café y pizza helada. También tengo hambre de los días en que el sol brilla con fuerza y sabe a cítricos, y de las noches que saben a cerveza con amigos.
Tengo hambre por conocer personas, saborear sus historias, aprender de ellas, dejarles un poquito de mí.
Tengo hambre por viajar. Hambre por amar. Hambre por la libertad.
Hace poco entendí por qué: la que siento es un hambre diferente. Siento hambre por comerme la vida, el mundo, los momentos dulces y los amargos también, los malos ratos que tienen sabores ácidos y los días de lluvia que saben a café y pizza helada. También tengo hambre de los días en que el sol brilla con fuerza y sabe a cítricos, y de las noches que saben a cerveza con amigos.
Tengo hambre por conocer personas, saborear sus historias, aprender de ellas, dejarles un poquito de mí.
Tengo hambre por viajar. Hambre por amar. Hambre por la libertad.
¡Y yo queriendo solucionarla con comida!
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